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Síntomas del ataque de ansiedad, causas, tipos y prevención

Actualizado el · 12 min de lectura
Mujer con gesto de angustia sentada en el sofá, con facturas sobre la mesa del salón

Si te preguntas si lo que sientes son síntomas de ansiedad, no eres el único. Desde finales de 2025, las búsquedas de psicólogo para tratar la ansiedad se mantienen en niveles muy superiores a los de los años anteriores. Cada vez más personas sienten que algo les desborda, aunque no siempre sepan ponerle nombre.

La ansiedad es una respuesta natural de alerta ante una amenaza. El problema aparece cuando esa alarma se activa con demasiada frecuencia, con demasiada intensidad o sin un peligro real que la justifique, y empieza a condicionar tu sueño, tu trabajo o tus relaciones.

En este artículo te explicamos qué es un trastorno de ansiedad, cuáles son sus síntomas y sus tipos, y qué factor genera ansiedad con más frecuencia, incluidas las circunstancias de la realidad actual: el coste de la vida, el acceso a la vivienda y la incertidumbre geopolítica. También verás cuándo conviene consultar a un profesional y qué hábitos ayudan a prevenirla.

Este artículo cuenta con la revisión de Alberto Ferrer Fernández-Yáñez, psicólogo especialista en ansiedad, quien además, nos explica más adelante su experiencia en consulta sobre los últimos casos de trastornos de ansiedad con los que trabaja

Este contenido es informativo y no sustituye la valoración de un profesional de la salud mental.

¿Qué es un trastorno de ansiedad?

La ansiedad es una emoción básica: prepara el cuerpo y la mente para afrontar lo que percibimos como una amenaza o una incertidumbre. En su justa medida es útil y protectora, porque nos ayuda a prepararnos y a reaccionar.

Hablamos de trastorno de ansiedad cuando ese mecanismo se desajusta: el miedo o la preocupación son desproporcionados, resultan difíciles de controlar, se prolongan durante semanas o meses y generan un malestar significativo o interfieren en la vida diaria. Manuales diagnósticos como el DSM-5-TR o CIE-11 agrupan bajo este nombre varios cuadros distintos, que verás más abajo.

Los trastornos de ansiedad están entre los problemas de salud mental más frecuentes: según la Organización Mundial de la Salud, en 2019 afectaba a unos 301 millones de personas en el mundo. No son un signo de debilidad ni algo que se resuelva «con fuerza de voluntad». Tienen un origen multifactorial, en el que se combinan factores biológicos, psicológicos y del entorno.

El contexto también importa. Vivimos un momento de incertidumbre económica, residencial y social que alimenta la preocupación de muchas personas. En el apartado de causas verás cómo se relacionan estos factores actuales con la ansiedad y qué dicen los datos de búsqueda.

¿Cuáles son los síntomas de los trastornos de ansiedad?

Los síntomas de ansiedad varían mucho de una persona a otra y afectan al cuerpo, a la mente y a la conducta. Algunos son evidentes; otros pasan desapercibidos durante meses o se confunden con cansancio, estrés o problemas físicos. Conocerlos te ayuda a reconocerlos a tiempo.

Síntomas psicológicos y emocionales

Son los más característicos y los que más sufrimiento generan:

  • Preocupación excesiva y difícil de controlar, con pensamientos anticipatorios del tipo «¿y si…?». Sin un desencadenante objetivo que pueda disparar el malestar
  • Sensación constante de peligro inminente o de que va a pasar algo malo.
  • Inquietud, nerviosismo y sensación de estar «al límite».
  • Irritabilidad y menor tolerancia a la frustración.
  • Dificultad para concentrarte, bloqueos o sensación de tener la mente en blanco.
  • Miedo a perder el control o a «volverte loco».
  • Miedo al juicio externo

Hoy es frecuente que esa preocupación se centre en el dinero, la vivienda o el futuro, que son además las inquietudes que más recogen las encuestas del CIS. Cuando el pensamiento se vuelve repetitivo y no encuentra salida, hablamos de rumiación, uno de los mecanismos que más mantienen la ansiedad en el tiempo.

Síntomas físicos

La ansiedad activa el sistema de alarma del cuerpo y puede provocar:

  • Palpitaciones o taquicardia.
  • Opresión en el pecho y sensación de falta de aire.
  • Sudoración, temblores y sensación de calor o frío repentino.
  • Tensión muscular, dolores de cabeza y mandíbula apretada.
  • Molestias digestivas: náuseas, nudo en el estómago o diarrea.
  • Mareos, hormigueo en manos y pies.
  • Cansancio persistente y problemas de sueño, como dificultad para dormirte o despertares nocturnos.

Muchos de estos síntomas pueden tener también causas médicas. Si es la primera vez que los notas, conviene que un profesional descarte otras patologías antes de atribuirlos a la ansiedad.

Síntomas conductuales

La ansiedad también cambia lo que haces, a menudo sin que te des cuenta:

  • Evitar lugares, personas o situaciones que te generan malestar.
  • Posponer decisiones o tareas por miedo a equivocarte.
  • Comprobar una y otra vez cosas como mensajes, cuentas bancarias o noticias.
  • Buscar tranquilización constante en los demás.
  • Aislarte socialmente.
  • Cambios en la alimentación o mayor consumo de cafeína, tabaco, alcohol u otras sustancias ilegales para «aguantar».
  • En casos más graves realizar rituales para calmar el malestar.

Consultar las noticias o las redes sociales de forma compulsiva, en busca de certezas que nunca llegan, es una de las formas más habituales de mantener la alerta encendida.

Tipos de trastornos de ansiedad

El DSM-5-TR distingue varios trastornos de ansiedad. Comparten el miedo y la anticipación, pero se diferencian por lo que los desencadena, cómo se manifiestan y cuánto duran. Estos son los principales.

Trastorno de ansiedad generalizada (TAG)

Se caracteriza por una preocupación excesiva y persistente sobre diversos aspectos de la vida, como la salud, el trabajo, el dinero o la familia, que resulta difícil de controlar. Suele mantenerse la mayoría de los días durante al menos seis meses y se acompaña de inquietud, fatiga, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular o problemas de sueño. Para diagnosticar, el profesional valora que la preocupación sea desproporcionada respecto a la situación real.

Trastorno de pánico

Se manifiesta con ataques de pánico inesperados y recurrentes: episodios bruscos de miedo intenso que alcanzan su punto máximo en pocos minutos, con palpitaciones, sensación de ahogo, mareo, temblor o miedo a morir o a perder el control. Se diagnostica cuando, tras los ataques, persiste al menos un mes la preocupación por que vuelvan o se modifica la conducta para evitarlos. Un ataque de pánico aislado no implica tener el trastorno.

Agorafobia con o sin ataque de pánico

Es un miedo marcado a situaciones de las que escapar resultaría difícil o en las que no podrías recibir ayuda si tuvieras síntomas: usar el transporte público, estar en espacios abiertos o cerrados, hacer cola, estar entre multitudes o salir solo de casa. La persona las evita o las soporta con un gran malestar. Puede aparecer junto al trastorno de pánico o por separado.

Fobias específicas

Consisten en un miedo intenso y desproporcionado a un objeto o situación concreta, como las alturas, los animales, las inyecciones, volar o la sangre. El miedo aparece casi siempre que se enfrenta al estímulo, lleva a evitarlo y se mantiene normalmente durante seis meses o más. Las más comunes suelen ser; la fobia social, la claustrofobia, la tripanofobia (miedo a las agujas) y la acrofobia (miedo a las alturas)

Trastorno de ansiedad social (fobia social)

Se trata de un miedo intenso a situaciones sociales en las que puedes ser observado o juzgado, como hablar en público, conocer gente nueva o comer delante de otros. Se teme actuar de forma que provoque vergüenza o rechazo. Suele llevar a evitar estas situaciones y limita las relaciones y el desarrollo laboral o académico.

Trastorno de ansiedad por separación

Implica un miedo o ansiedad excesivos ante la separación de las personas de apego, o ante la posibilidad de que les ocurra algo. Es habitual en la infancia, pero también puede aparecer en adultos. En niños suele considerarse cuando dura al menos cuatro semanas, y en adultos, seis meses o más.

Mutismo selectivo

Consiste en la incapacidad persistente de hablar en situaciones sociales concretas, como el colegio, aunque la persona sí habla con normalidad en otros entornos, como en casa. Aparece sobre todo en la infancia y afecta al rendimiento escolar y a la relación con los demás. No se debe a timidez ni a falta de ganas de hablar.

Trastorno de ansiedad inducido por sustancias o medicamentos

En este caso, los síntomas de ansiedad o pánico son consecuencia directa del consumo, la intoxicación o la retirada de una sustancia (cafeína en exceso, alcohol, cannabis, estimulantes) o de ciertos medicamentos. Si los síntomas desaparecen al eliminar la sustancia o ajustar el fármaco, es una pista importante para el diagnóstico.

Trastorno de ansiedad debido a otra condición médica

Algunas enfermedades pueden provocar síntomas de ansiedad por sí mismas, como los problemas de tiroides, ciertas arritmias cardíacas o algunas enfermedades respiratorias. Por eso, ante una ansiedad de aparición reciente, el profesional puede recomendar una revisión médica para descartar causas físicas.

Causas de la ansiedad: ¿qué factor genera ansiedad hoy?

No existe un único factor que genere ansiedad. Casi siempre se trata de una combinación: una predisposición biológica, genética, una forma concreta de interpretar lo que ocurre y un entorno que presiona. Lo que cambia con el tiempo es el contexto, y el de los últimos años tiene rasgos propios.

Para ver cómo ha cambiado la demanda de ayuda, hemos analizado la evolución en España de la búsqueda «psicólogo ansiedad» en Google Trends. Entre 2022 y 2025, el interés medio anual se movió entre 36 y 46 puntos sobre 100. A partir de noviembre de 2025 se disparó: en lo que va de 2026 la media es de 81, con el máximo de toda la serie en agosto de 2026.

Gráfico de líneas con la evolución mensual de las búsquedas de psicólogo ansiedad en España entre 2023 y octubre de 2026, con un repunte desde noviembre de 2025 y el máximo en agosto de 2026
Fuente: Google Trends, España, búsqueda «psicólogo ansiedad», índice relativo mensual (100 = máximo de la serie). Los valores 0 indican volumen demasiado bajo para medirse. Octubre de 2026, mes incompleto (línea discontinua).

Estos datos no permiten atribuir el aumento a un único suceso. El repunte empieza a finales de 2025, antes de varios de los acontecimientos que citamos más abajo, y las búsquedas reflejan también una mayor conciencia sobre la salud mental y menos estigma. Lo que sí muestran es que cada vez más personas buscan ayuda para la ansiedad, y que lo hacen en un momento en el que las circunstancias económicas, residenciales y sociales generan una preocupación muy extendida.

Por eso, en cada factor te proponemos un ejemplo actual: ilustra cómo estas causas estables se concretan hoy y lo actualizamos a medida que cambia la realidad.

Factores biológicos

El cerebro de una persona con ansiedad suele mostrar una alarma más sensible. Intervienen estructuras como la amígdala, que detecta amenazas, y neurotransmisores como la serotonina, la noradrenalina o el GABA, que regulan el estado de ánimo y la activación. También influyen los desajustes hormonales, como los de la tiroides, el sueño insuficiente y algunas enfermedades o sustancias que alteran el sistema nervioso. Estos factores explican por qué la ansiedad no es solo «cosa de la cabeza»: tiene una base fisiológica real.

Factores genéticos

La ansiedad tiende a repetirse en las familias. Los estudios con gemelos estiman que la herencia explica en torno a un tercio del riesgo, según el trastorno. Tener antecedentes familiares aumenta la probabilidad de desarrollar ansiedad, pero no es una sentencia: la genética predispone, y es el entorno el que suele activar esa predisposición.

Factores psicológicos y de personalidad

Ciertos rasgos aumentan la vulnerabilidad: el perfeccionismo, una alta sensibilidad a la amenaza, la baja tolerancia a la incertidumbre o la necesidad de tenerlo todo bajo control. También pesan las creencias sobre uno mismo («no voy a poder con esto»), los estilos de afrontamiento basados en evitar y las experiencias tempranas que enseñaron que el mundo es peligroso o impredecible. Cuando el cerebro interpreta como amenaza lo que no sabe cómo controlar, la ansiedad se instala con facilidad.

Factores sociales y ambientales

El entorno modula la ansiedad todos los días. El estrés sostenido, la soledad, las relaciones conflictivas, la sobrecarga de cuidados y los acontecimientos vitales importantes, como una ruptura, un duelo o una mudanza, aumentan el riesgo. A ello se suma un ritmo de vida acelerado y una exposición casi continua a noticias, alertas y redes sociales, que mantienen al organismo en un estado de vigilancia difícil de apagar.

Factores económicos y laborales

Cuando las cuentas no cuadran, o no sabes si lo harán el mes que viene, la mente vive en modo anticipación. La inestabilidad de ingresos, la precariedad laboral, las deudas y la sobrecarga en el trabajo generan una sensación de pérdida de control que es el combustible clásico de la ansiedad. Un barómetro de The Family Watch y GAD3 de 2022 ya señalaba las dificultades económicas como la principal causa del deterioro de la salud mental de los adultos, según las familias encuestadas.

Dificultad de acceso a la vivienda

La vivienda es mucho más que un gasto: es la base desde la que planificamos la vida. Cuando acceder a una casa resulta cada vez más difícil, el efecto va más allá del bolsillo. Retrasar la emancipación, destinar una parte enorme del sueldo al alquiler, temer perder el hogar o no poder plantearse tener hijos o formar un proyecto de pareja genera incertidumbre sostenida y una fuerte sensación de falta de control. El Barómetro de la Vivienda 2025, de GAD3 y el Consejo General de la Arquitectura Técnica, recogía que el 24% de los jóvenes había sentido estrés o ansiedad al buscar vivienda.

Incertidumbre geopolítica y movimientos migratorios

Los conflictos bélicos y las crisis internacionales o fronterizas generan ansiedad aunque ocurran lejos. Intervienen tres mecanismos: la amenaza percibida («esto puede acabar afectándome»), la impotencia («no puedo hacer nada») y la sobreexposición a imágenes impactantes y a un debate público muy polarizado. Son los ingredientes de la ansiedad anticipatoria, que se alimenta de la incertidumbre sobre lo que pueda ocurrir.

Conviene precisar que este malestar nace de la incertidumbre, de la sobreexposición a las noticias y de la tensión social, no de las personas migrantes, que además viven situaciones de un estrés extremo. En las comunidades directamente afectadas, la inquietud puede ser mayor.

Alberto Ferrer Fernández-Yáñez
Alberto Ferrer Fernández-YáñezPsicólogo Sanitario y Forense. Experto en trastornos de ansiedad, T.O.C y adicciones. Nº 30938

A continuación, lo que ve Alberto en consulta:

Los trastornos de ansiedad suelen ser de las problemáticas que más observo en consulta y que más bajas laborales provocan. Con frecuencia se define la ansiedad como ‘el miedo a todo y a nada’, al no existir un objeto claro o ante una reacción desproporcionada. Con psicoterapia, y en casos más graves psicofármacos, ayudamos a adaptarse a estas situaciones y a relativizarlas. El problema surge cuando el miedo es real y responde a la crisis de la vivienda y a la precariedad económica.
Cada vez veo a más gente joven desbordada por esto. No traen fobias irracionales, traen rumiaciones constantes sobre si los van a echar de su piso, si tendrán que mudarse lejos de su familia o si van a perder el trabajo. Llegan con ataques de pánico por no tener ningún control sobre lo que vendrá, recurriendo al alcohol u otras sustancias para desconectar un rato o refugiándose en un consumo inmediato porque proyectar a largo plazo no tiene sentido. En terapia no podemos tratar esto con frases vacías de autoayuda. El desgaste es real y el primer paso es contener los síntomas para que no afecte a otras áreas de su vida, pero sabiendo qué hay un problema real.
Lo que me encuentro a menudo es que muchos cargan con responsabilidad y culpa. Se exigen resolver solos una situación que los sobrepasa y se castigan pensando que no son lo bastante ‘resilientes’ o que ‘deberían’ saber controlar sus emociones. Aquí se distinguen dos niveles: primero está la emoción pura y lógica ante la precariedad, y después, el juicio de reprocharse estar sintiendo esa angustia. Poder ponerle nombre a esto, ayuda a desculpabilizar, a quitarse la idea de creer que son defectuosos por no aguantar esta situación. El trabajo aquí no es que acepten su precariedad, sino frenar esa autoexigencia para que el problema no termine derivando en otro más grave.
Esto nos obliga a trazar una línea muy fina. Estar angustiado si no sabes si vas a tener techo el mes que viene no es tener una distorsión cognitiva, es una respuesta normal a un entorno hostil. La parte puramente clínica entra cuando esa alarma bloquea a la persona por completo, cuando el cuerpo somatiza de forma incapacitante o cuando el colapso emocional le impide hacer incluso lo poco que sí está en su mano.
Aquí es donde veo el mayor conflicto ético de nuestra profesión. Intentar tapar una crisis de vivienda o la falta de dinero a base de fármacos o técnicas psicológicas es individualizar un problema que es colectivo. Y peor aún: es mercantilizarlo, vendiendo la promesa de que la terapia puede quitarte un sufrimiento que en realidad lo provoca la precariedad. Nuestro papel tiene que ser dejar claro que ese síntoma no es un fallo personal ni falta de aguante, sino el reflejo directo de las condiciones materiales en las que toca vivir.

Factores de riesgo en trastornos de ansiedad

Un factor de riesgo no es una causa: aumenta la probabilidad de desarrollar un trastorno de ansiedad, pero no la garantiza. Conocerlos permite detectar antes las situaciones de vulnerabilidad.

Factores de riesgo en la infancia y la adolescencia

  • Un temperamento inhibido o muy sensible a lo nuevo y a lo desconocido.
  • Antecedentes familiares de ansiedad u otros trastornos emocionales.
  • Estilos de crianza muy sobreprotectores o muy críticos, o modelos parentales ansiosos.
  • Experiencias adversas: maltrato, pérdidas importantes, enfermedades graves o acoso escolar.
  • Cambios vitales bruscos, como mudanzas, separaciones o cambios de colegio.

Factores de riesgo en adultos

  • Estrés crónico en el trabajo, en casa o por dificultades económicas y de vivienda.
  • Acontecimientos vitales intensos: duelo, separación, pérdida de empleo.
  • Soledad y falta de apoyo social.
  • Otros trastornos, como la depresión, o enfermedades crónicas.
  • Consumo de alcohol, cannabis, estimulantes o exceso de cafeína.

¿Cuáles son las complicaciones de la ansiedad no tratada?

Si se mantiene en el tiempo sin atención, la ansiedad puede ir ampliando su impacto. Es frecuente que se complique con otros problemas:

  • Depresión, que aparece con frecuencia asociada a la ansiedad.
  • Insomnio y agotamiento físico y mental.
  • Consumo de alcohol u otras sustancias para aliviar el malestar.
  • Problemas físicos: dolores de cabeza recurrentes, molestias digestivas o tensión muscular crónica.
  • Bajo rendimiento, absentismo o bajas laborales.
  • Aislamiento social y deterioro de las relaciones.
  • Mayor riesgo de pensamientos autolesivos en los casos más graves.

La buena noticia es que la ansiedad responde bien a la ayuda profesional, y que cuanto antes se atiende, más sencillo suele ser revertir estas complicaciones.

¿Cuándo consultar al médico?

Señales de alerta

Conviene pedir ayuda profesional si:

  • La ansiedad dura semanas o meses y no remite por sí sola.
  • Interfiere en tu trabajo, tus estudios o tus relaciones.
  • Tienes ataques de pánico repetidos o evitas lugares y situaciones por miedo.
  • Duermes mal de forma persistente o te notas agotado.
  • Recurres al alcohol, a otras sustancias o a medicación sin control médico para calmarte.
  • Tus síntomas físicos te preocupan o no tienes claro su origen.

Si tienes pensamientos de hacerte daño o de acabar con tu vida, llama al 024 (línea de atención a la conducta suicida) o al 112 si hay peligro inmediato.

Qué hacer en una crisis de ansiedad

Si notas que se dispara la ansiedad o llega un ataque de pánico, estas pautas pueden ayudarte a pasarlo:

  1. Recuerda que pasará. El pico suele alcanzarse en pocos minutos y después va bajando. No es peligroso, aunque lo parezca.
  2. Reduce los estímulos. Siéntate en un lugar tranquilo, o apóyate si estás en la calle.
  3. Respira despacio. Inspira por la nariz contando hasta cuatro y suelta el aire lentamente por la boca contando hasta seis. Repite varias veces.
  4. Ancla tu atención al presente. Nombra cinco cosas que ves, cuatro que puedes tocar, tres que oyes, dos que hueles y una que saboreas.
  5. No luches contra la sensación. Intentar frenarla a la fuerza suele intensificarla. Déjala pasar.

Si el dolor en el pecho es intenso, se irradia al brazo o a la mandíbula, o tienes dificultad real para respirar, llama al 112: un problema cardíaco puede parecerse a un ataque de ansiedad y debe descartarse.

¿Cómo prevenir los trastornos de ansiedad?

No siempre se puede evitar, pero sí reducir el riesgo y la intensidad con hábitos que fortalecen tu capacidad de afrontar la incertidumbre.

Hábitos de vida saludables

  • Duerme lo suficiente y mantén horarios regulares.
  • Haz ejercicio físico de forma habitual: reduce la tensión y mejora el estado de ánimo.
  • Modera la cafeína, el alcohol y el tabaco, que pueden intensificar los síntomas.
  • Cuida la alimentación y evita pasar muchas horas sin comer.
  • Ordena tu relación con las noticias: elige uno o dos momentos del día para informarte y evita consultarlas justo antes de dormir. Mejor leer las noticias que verlas de forma visual.

Relajación y regulación emocional

Practicar técnicas como la respiración diafragmática, la relajación muscular progresiva o la atención plena (mindfulness) entrena al cuerpo para salir del modo alarma. Funcionan mejor cuando se practican a diario, no solo en los momentos de crisis.

Ante preocupaciones como el dinero o la vivienda, ayuda separar lo que puedes controlar de lo que no. Hacer un plan concreto para lo primero, como revisar tus gastos, buscar asesoramiento o dar un paso pequeño cada semana, reduce la sensación de indefensión. Evitar pensar en ello, en cambio, suele aumentar la ansiedad.

Red de apoyo e intervención temprana

Hablar con personas de confianza alivia la carga y reduce el aislamiento, que es uno de los principales factores de riesgo. Compartir lo que te preocupa con tu pareja, tu familia o tus amigos, o con grupos de apoyo, te ayuda a poner en perspectiva lo que sientes.

Y no esperes a estar desbordado: consultar a un profesional cuando los primeros síntomas ya interfieren en tu vida evita que la ansiedad se cronifique y suele acortar el camino de la recuperación.

Preguntas frecuentes sobre los trastornos de ansiedad

¿Cuáles son los síntomas de ansiedad más comunes?

Los más frecuentes son la preocupación excesiva y difícil de controlar, la inquietud, la irritabilidad, la dificultad para concentrarse y los problemas de sueño. A nivel físico destacan las palpitaciones, la tensión muscular, la opresión en el pecho, las molestias digestivas y la sudoración. Cuando varios de estos síntomas se mantienen durante semanas y afectan a tu vida diaria, conviene consultar a un profesional.

¿Qué factor genera ansiedad con más frecuencia?

No hay un único factor. La ansiedad suele aparecer por la combinación de predisposición biológica o genética, rasgos psicológicos y estresores del entorno. Entre estos últimos, hoy pesan especialmente la incertidumbre económica, las dificultades de acceso a la vivienda y la exposición continua a noticias sobre conflictos y crisis.

¿Puede la situación económica o la vivienda provocar un trastorno de ansiedad?

Una situación económica o residencial precaria puede mantener una preocupación constante y agravar la ansiedad, sobre todo en personas con predisposición. Para hablar de trastorno, el malestar debe ser intenso, persistente e interferir en tu vida. Un profesional puede ayudarte a valorarlo y a distinguir qué parte es una respuesta comprensible a tu situación y cuál necesita tratamiento.

¿Cuántos tipos de trastornos de ansiedad existen?

El DSM-5 recoge nueve cuadros principales: trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de pánico, agorafobia, fobias específicas, ansiedad social, ansiedad por separación, mutismo selectivo, ansiedad inducida por sustancias o medicamentos y ansiedad debida a otra condición médica.

¿Se hereda la ansiedad?

La genética influye: tener familiares con ansiedad aumenta el riesgo, y los estudios con gemelos estiman que la herencia explica en torno a un tercio de la vulnerabilidad. Pero no determina nada por sí sola. El entorno, las experiencias vividas y la manera de afrontar el estrés tienen un papel decisivo.

¿Cuándo debo ir al psicólogo por ansiedad?

Cuando la ansiedad dura semanas o meses, interfiere en tu trabajo, tu sueño o tus relaciones, o te lleva a evitar situaciones cotidianas. No hace falta esperar a una crisis: pedir ayuda a tiempo suele facilitar la recuperación. Si tienes pensamientos de hacerte daño, llama al 024 o al 112.

Bibliografía

Asociación Americana de Psiquiatría. (2023). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales: Texto revisado (DSM-5-TR, 5.ª ed.). Editorial Médica Panamericana.

Clark, D. A. y Beck, A. T. (2016). Manual práctico para la ansiedad y las preocupaciones (M. Condor, trad.). Editorial Desclée de Brouwer.

Rojas, E. (1998). La ansiedad: Guía para diagnosticar y superar el estrés, las fobias y las obsesiones. Temas de Hoy.