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Trastorno del espectro autista (TEA): qué es, causas, síntomas y tipos

Actualizado el · 9 min de lectura
Niño concentrado en una actividad junto a un adulto en un ambiente tranquilo

El trastorno del espectro autista (TEA), o autismo, es una condición del neurodesarrollo. Esto quiere decir que el cerebro se desarrolla de una forma distinta, y eso influye en cómo la persona se comunica, se relaciona y percibe lo que le rodea. Está presente desde la infancia, dura toda la vida y varía mucho de una persona a otra. Por eso se habla de «espectro».

La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo describe como un grupo de condiciones relacionadas con el desarrollo del cerebro. Suponen cierta dificultad para relacionarse y comunicarse, y formas distintas de actuar y de reaccionar a las sensaciones.

Una persona autista (o persona con autismo; la comunidad no tiene una única preferencia, y aquí usamos las dos expresiones) es una persona que tiene esta condición. No hay un solo modo de ser autista. Se puede hablar con fluidez o no hablar, vivir de forma independiente o necesitar apoyo cada día, y tener capacidades intelectuales muy distintas.

Si buscas apoyo profesional, puedes consultar a nuestros psicólogos especialistas en autismo.

Este contenido es informativo y no sustituye la valoración de un profesional.

Por qué los niños nacen con autismo: causas

No hay una única causa. La ciencia indica que intervienen varios factores, genéticos y ambientales, que juntos hacen más probable que un niño nazca con autismo. Los genéticos son los que más pesan. Ningún factor decide por sí solo que un niño sea autista.

¿Es genético el autismo?

En gran parte, sí. Un estudio con más de dos millones de personas de cinco países calculó que la herencia explica alrededor del 80% de las diferencias entre quienes tienen autismo y quienes no.

Eso no significa que el 80% de los hijos de una persona autista vayan a serlo. Tampoco que exista un único «gen del autismo»: intervienen muchos genes. Si hay un familiar con autismo, es más probable que otro miembro de la familia también lo tenga, pero no es seguro. A veces el autismo aparece junto a una condición genética conocida.

Factores prenatales y ambientales

Según la OMS, los estudios muestran que algunos factores ambientales parecen ser más frecuentes en niños con autismo o en sus progenitores:

  • Edad avanzada de los padres.
  • Diabetes de la madre durante el embarazo.
  • Contaminación del aire o ciertos metales pesados durante el embarazo.
  • Nacer antes de tiempo, con bajo peso o tras un parto con complicaciones graves.

Son asociaciones, no causas demostradas, y los científicos siguen investigando. Además, ninguno de estos factores es «culpa» de la madre o del padre.

¿Es verdad que las vacunas causan autismo?

No. Las vacunas no causan autismo. Se ha estudiado durante muchos años y con métodos distintos.

La OMS lo resume así: la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola (la triple vírica) no causa autismo. Lo confirman una gran revisión de estudios y otro análisis que reúne muchos trabajos. En Dinamarca, un estudio con más de 650.000 niños tampoco encontró más riesgo.

El mito nació de un artículo de 1998. Después se demostró que era erróneo y fraudulento: la revista lo retiró y su autor perdió la licencia para ejercer la medicina. Tampoco hay evidencia de que otras vacunas infantiles, ni el conservante tiomersal ni el aluminio, aumenten el riesgo.

El mito sigue vivo en parte por una coincidencia: las primeras señales del autismo se notan más hacia el primer o segundo año de vida, cuando se ponen vacunas como la triple vírica. Que dos cosas ocurran a la vez no significa que una cause la otra.

Otros mitos: crianza, alimentación y paracetamol

La crianza. El autismo no lo causa la forma de criar a un niño.

La alimentación. Ningún alimento ni dieta causa autismo.

El paracetamol en el embarazo. Ha habido opiniones distintas, así que conviene separar los hechos. En septiembre de 2025, la agencia del medicamento de Estados Unidos (FDA) empezó a cambiar la etiqueta del paracetamol para reflejar una posible asociación con el autismo, aunque reconoció que no se ha demostrado que lo cause. La agencia española (AEMPS) afirma que no hay evidencia de que lo cause, y la europea (EMA) lo repitió en enero de 2026.

Un gran estudio sueco con 2,48 millones de niños encontró una asociación muy pequeña al mirar a toda la población, pero desapareció al comparar hermanos. Esto indica que se debía a otros factores de la familia. La AEMPS recuerda que el paracetamol puede usarse en el embarazo si hace falta, con la dosis más baja posible y durante el menor tiempo posible. Si tienes dudas, consúltalas con tu médico o tu matrona.

Rosó García Traver
Rosó García Traver

Afortunadamente, cada vez observamos una mayor sensibilización y conocimiento sobre el autismo, lo que está contribuyendo a reducir el estigma y a desmontar muchos de los mitos que históricamente lo han rodeado. Aunque todavía persisten algunas creencias erróneas sobre su origen, como atribuirlo a determinadas pautas de crianza o a factores ambientales sin evidencia científica, las familias tienen cada vez más acceso a información rigurosa. En consulta, es importante seguir ofreciendo información basada en la evidencia, explicando que el autismo es una condición del neurodesarrollo de origen multifactorial, con un importante componente genético, y favoreciendo una mirada comprensiva y libre de prejuicios.

¿Es una discapacidad el autismo?

Depende de lo que se entienda por discapacidad. El autismo es una condición del neurodesarrollo, no una enfermedad. Las capacidades y las necesidades de las personas autistas son muy distintas: algunas viven de forma independiente y otras necesitan apoyo toda la vida.

Desde el punto de vista legal, en España se considera persona con discapacidad a quien tiene reconocido un grado del 33% o más. El sistema actual para valorarlo, el Real Decreto 888/2022, incluye el autismo y lo trata aparte de la discapacidad intelectual. Una persona autista puede pedir esa valoración. El grado que se le asigne depende de su caso, no solo del diagnóstico. No todas las personas autistas lo necesitan ni lo piden.

Según el enfoque de la neurodiversidad, el autismo es una forma distinta de procesar el mundo, y no solo una carencia. Lo que convierte esas diferencias en dificultades es, en gran parte, un entorno poco adaptado. La OMS también señala que las actitudes de la sociedad y el apoyo disponible influyen mucho en la calidad de vida.

Síntomas del trastorno autista

Los síntomas del autismo se agrupan en dos áreas: las dificultades para comunicarse y relacionarse con los demás, y las conductas e intereses repetitivos o muy marcados. Aparecen desde la infancia, aunque a veces se notan más tarde, cuando las exigencias sociales aumentan.

Comunicación e interacción social

  • Cuesta mantener una conversación de ida y vuelta, compartir intereses y emociones, o empezar y responder a una interacción.
  • Hay diferencias en el contacto visual, los gestos, la expresión de la cara o el tono de voz.
  • Cuesta hacer amigos, entender las relaciones o adaptar la conducta a cada situación. A veces hay poco interés por los demás niños.

Cada persona los vive de forma distinta. Hay personas autistas que hablan con fluidez y otras que no hablan o usan otros sistemas para comunicarse.

Conductas e intereses restringidos y repetitivos

  • Movimientos, uso de objetos o frases repetidos: por ejemplo, aletear (estereotipias), alinear juguetes o repetir palabras (ecolalia).
  • Necesidad de que todo siga igual: rutinas rígidas y mucho malestar ante cambios pequeños.
  • Intereses muy intensos o muy concretos.

Particularidades sensoriales

Muchas personas autistas viven los sonidos, las luces, los olores o las texturas de forma más intensa, o más débil, que el resto. Por ejemplo, un ruido les resulta insoportable, les molesta mucho la etiqueta de la ropa o parecen sentir poco el dolor o la temperatura. La OMS también menciona las reacciones poco habituales a las sensaciones.

Primeras señales y cambios con la edad

Las características del autismo pueden verse en la primera infancia. Los pediatras prestan atención a señales como no responder al nombre, usar pocos gestos o no señalar para pedir o enseñar algo, no compartir la atención con los adultos mirándoles, hablar tarde o repetir mucho lo que oyen. Si un niño pierde habilidades que ya tenía, hay que consultar siempre.

En la edad escolar y la adolescencia se notan más las dificultades con los amigos y la rigidez ante los cambios. En las niñas y las mujeres, las señales pueden ser menos evidentes. Además, muchas personas autistas tienen otras condiciones, como epilepsia, depresión, ansiedad o TDAH.

Rosó García Traver
Rosó García Traver

Hay tres momentos clave en los que las familias suelen empezar a plantearse la necesidad de consultar. El primero aparece durante la primera infancia, cuando observan rabietas especialmente intensas, difíciles de gestionar y desencadenadas por situaciones aparentemente cotidianas. También pueden llamar la atención determinadas particularidades en el juego, como intereses muy restringidos, formas de jugar repetitivas o un escaso interés por compartir el juego con otros niños. El segundo momento coincide con el inicio de la escolarización o los primeros cursos de primaria, cuando aumentan las exigencias de adaptación, autonomía e interacción social. Finalmente, la adolescencia representa otro momento importante, ya que las relaciones sociales adquieren mayor complejidad y protagonismo, lo que puede hacer más evidentes determinadas dificultades y generar malestar emocional. Es importante destacar que no siempre aparecen nuevas dificultades, sino que los cambios evolutivos y las exigencias del entorno pueden hacer más visibles características que anteriormente habían pasado desapercibidas.

Tipos de autismo

Un solo diagnóstico con distintas presentaciones

Hasta 2013 se distinguían diagnósticos separados: trastorno autista, síndrome de Asperger, trastorno desintegrativo infantil y trastorno generalizado del desarrollo no especificado. Desde el DSM-5, todos forman un único diagnóstico, el trastorno del espectro autista, porque la ciencia mostró que eran una misma condición con distinta intensidad. La clasificación de la OMS (CIE-11) también usa un solo diagnóstico.

Por eso hoy no se habla de «tipos» de autismo como diagnósticos distintos, sino de un espectro con presentaciones muy diferentes. Se describen con niveles de apoyo y con algunos detalles añadidos.

Niveles de apoyo (1, 2 y 3)

El DSM-5-TR describe tres niveles según el apoyo que necesita la persona: el nivel 1 necesita apoyo, el nivel 2 necesita un apoyo importante y el nivel 3 necesita un apoyo muy importante. Se valoran por separado en la comunicación social y en las conductas repetitivas.

Los niveles indican cuánto apoyo hace falta, no «cuán autista» es una persona. Pueden cambiar con el tiempo, con la edad y según el entorno.

Con o sin discapacidad intelectual, con o sin alteración del lenguaje

Además del nivel de apoyo, se indica si hay o no discapacidad intelectual, si hay o no dificultades del lenguaje, si va unido a una condición médica o genética conocida, si hay otros trastornos y si hay catatonia (una alteración del movimiento y de la conducta). La CIE-11 también distingue las presentaciones según la discapacidad intelectual y el nivel de lenguaje.

Esto refleja que la capacidad intelectual varía mucho entre personas autistas: hay quienes tienen una afectación importante y quienes tienen capacidades altas.

¿Qué pasó con el síndrome de Asperger?

El síndrome de Asperger era un diagnóstico antiguo para personas con dificultades sociales y conductas repetitivas, pero sin retraso importante del lenguaje ni discapacidad intelectual. El DSM-5 lo incluyó dentro del trastorno del espectro autista, y la CIE-11 no lo recoge como diagnóstico aparte. Quien tenía ese diagnóstico lo mantiene dentro del espectro. Hoy se describiría como un TEA sin discapacidad intelectual y sin alteración del lenguaje. Muchas personas siguen usando ese término para identificarse.

Qué hacer si sospechas autismo

Si ves señales en tu hijo, o te reconoces en lo que describe esta guía, el primer paso es consultarlo con un profesional. En los niños, el punto de partida es el pediatra, que puede seguir el desarrollo y derivar a un equipo especializado. En los adultos, se puede acudir al médico de atención primaria o a los servicios de salud mental.

Preguntas frecuentes sobre el autismo

¿Autismo y trastorno del espectro autista son lo mismo?

Sí. «Autismo» es la palabra de uso común y «trastorno del espectro autista» (TEA) es el nombre del diagnóstico en el DSM-5 y la CIE-11. Desde 2013 ya no se distinguen diagnósticos separados, como el síndrome de Asperger.

¿Se cura el autismo?

El autismo no es una enfermedad que se cure: es una condición que acompaña a la persona toda la vida. Lo que sí se puede es mejorar la comunicación, las habilidades sociales y la calidad de vida con apoyos basados en la evidencia, cuanto antes mejor.